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Si no se sufre…

 

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Tras derrotar por 1-0 a Talleres de Perico en un colmado Luis Güemes, Central Norte forzó a definir el pase con penales. Terminó en victoria para el Cuervo que ahora deberá enfrentar a Pellegrini, en el camino por el ascenso.

La gente dijo presente, no faltó nadie. Todos sabían que debían estar esta tarde para acompañar al Cuervo. Y no fallaron, más allá de la agonía y del sufrimiento de esperar al último minuto y de terminar definiendo por penales, Central Norte puso todo. Desde un primer momento salió con un solo objetivo en la mente: ganar el partido. Presionó por todos lados y le faltaba el último paso para terminar de concretar el gol. Todo el partido se desarrolló igual, el Cuervo presionando, obligando a Talleres a meterse en el fondo sin poder marcar. Los jujeños solo aguantaban, sabían que con empatar, ellos pasaban de ronda. Intentaron acercarse a Maino con algún contraataque, pero solo quedaron en eso, meros intentos.

Cuando caía la tarde salteña y las lágrimas comenzaban a aflorar en los rostros, apareció como un desahogo del alma el gol que forzaba los penales. Ese que se negó durante los 90 minutos y aparecía ahora de la mano de Ariel Aranda, quien tras un tiro de esquina convirtió el único tanto del partido.

Impresionante la reacción de la gente, la emoción reflejada. Los abrazos desaforados por la alegría de saber que aún se mantenía la ilusión. Que con un poco de confianza y ese toque de suerte que tantas veces faltó, hoy se podía hacer presente.

Fueron dos rondas; una de cinco disparos para cada equipo y la segunda, de uno. En la primer vuelta terminaron empatados (ya se sentía como una daga) 4 – 4. En la segunda y última, el encargado del penal para el Cuervo fue Mariano Maino, quien anotó con su certero disparo. Por el lado de Talleres el ejecutor fue Celaye, quien falló. O tal vez fue mérito de Maino que haya adivinado hacia donde iba su disparo. Lo importante es que, Central Norte pasaba de ronda. Y bastó con esto para desatar la alegría y los gritos de un pueblo que se merece el ascenso. Por el aguante, por la pasión y por demostrar una vez más que al Cuervo lo hace su gente.